Meditar es un laboratorio

Para mí, meditar sentadito en el cojín de meditación, rodeado de silencio y con un incienso rico, es una manera de consentirme, pero no es la práctica real de meditación.

Meditar en silencio y con las condiciones adecuadas, para mí, es solamente una ayudadita para las primeras sesiones, como las rueditas de la bici, o las muletas para alguien que está rehabilitando un músculo de la pierna.

Creo que la meta no es lograr horas y horas de meditaciones guiadas en condiciones perfectas, porque eso es artificial, para mí, la meta es cultivar una mente ecuánime y con concentración unipuntual.

Para llevarme esa mente del cojín de meditación al resto de mi vida, y entonces poder meditar en la fila del cine, mientras espero mis tacos, mientras manejo mi scooter, y de ser posible, transformar cada actividad en meditación.

Y así, después de varias sesiones, ya no necesito la meditación guiada, ni el incienso, ni el silencio, porque no estoy huyendo de nada, ni me estoy aislando de nada, ya puedo acceder a esa otra mente, de mejor calidad, en el momento que yo quiera.

Gracias por leer.

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