Un guerrero pacífico

Estas frases se las tomé prestadas a la película “Peaceful Warrior” basada en libro “Way of the Peaceful Warrior” de Dan Millman.

Las uso como recordatorio para volver al momento presente cada vez que me descubro paseando en el pasado o en el futuro, también las uso para “calmar mis aguas mentales” a la hora de sentarme a meditar.

Para mí son un poderoso recordatorio de que no somos nuestros pensamientos, ni nuestras emociones, ni somos nuestros cuerpos, ni nuestros trabajos, ni nuestras carreras universitarias, dicho más simple: somos consciencia pura, teniendo una experiencia humana MOMENTO A MOMENTO.

Y podemos ponerle atención a esa hermosa experiencia o podemos dejar que se nos escape entre los dedos, como agua que se escurre.

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Un pequeño gran logro

Ayer fue un día muy especial para mí, para mi hijo y para toda la familia.

Fue muy especial porque ayer, mi hijo aprendió a andar en bicicleta. Fue un gran logro para él y un gran logro de papá-satélite para mí.

Puede parecer un logro pequeño o “normal” pero para llegar a este punto, mi hijo tuvo que hacer varias cosas:

UNO. Tuvo que dejar ir unos miedos y aprender a convivir con otros

DOS. Aprender a sentir su cuerpo completo y hacerse consciente de su equilibrio en tiempo real

TRES. Desarrollar la habilidad de estar 100% enfocado en el momento presente

CUATRO. Aprender a confiar en el proceso de practicar algo con disciplina, aún cuando los resultados puedan verse lejanos

Este logro, no fue algo que sucedió de la noche a la mañana, es consecuencia de mucha práctica, una estrategia bien pensada para abordar dicha práctica, sumadas a la flexibilidad suficiente para hacer adaptaciones a la estrategia mientras avanzamos en la práctica.

El asunto nos tomó más o menos dos años de sesiones semanales de 45 minutos, con dos o tres caídas mínimas, muy poco drama y mucha, mucha atención plena.

Nos tomó dos años, no porque algo esté mal con Ian, nada de eso, nos tomó dos años porque decidimos que no teníamos nada de prisa, y yo decidí enseñarle a mi hijo a andar en bici de manera muy diferente de como mi papá me enseñó a mí, que fue un desastre, terminé enseñándome yo a andar en bici.

Usamos estos dos años para explorar un método que fuera simple, poco peligroso, divertido y que se ajustara a cómo Ian aprende mejor, para que el resultado fuera un rotundo éxito.

A lo largo de estos dos años, me topé con otros papás y mamás también enseñando a sus hijos a andar en bicicleta, la mayoría de ellos sólo repitiendo cómo les enseñaron a ellos o enseñando a sus hijos como ellos suponen que se enseña a andar en bicicleta.

Con poco éxito en ambos casos, esto pasa, porque, creo yo, que no se están haciendo las preguntas correctas:

¿Cómo aprende mejor mi hija o hijo? ¿Haciendo? ¿Leyendo? ¿Escuchando? ¿Viendo? ¿Una mezcla de los anteriores?

¿Cómo enseño mejor yo en mi rol de papá o mamá?

¿Cuáles son los obstáculos que yo recuerdo haber enfrentado al aprender esto? ¿Cuáles de estos obstáculos creo que también va a enfrentar él o ella?

¿Qué obstáculos puedo imaginar que mi hija o hijo en su particularidad va a enfrentar? ¿Cómo podemos irlos resolviendo?

¿En el caso de mi hija o hijo cuál es el obstáculo más importante a superar? ¿Cuál es el obstáculo que le da fuerza a los otros obstáculos?

Una vez que me respondí todas esas preguntas ya tenía yo toda la información para empezar a trabajar en mi estrategia, que una vez lista, se la presenté a Ian, junto con las metas a corto, mediano y largo plazo, le hizo sentido el plan, entendió las metas y listo, estaba a bordo.

También fue importantísimo tener a la familia en el mismo canal, para que nadie saliera con “Ay, ¿por qué te estás tardando tanto en aprender a andar en bici? ” o “¿A poco te da miedo? Yo a tu edad ya bla bla bla”.

Afortunadamente toda la familia, en especial la mamá de mi hijo, mi pareja y mi hermana, se portaron súper conscientes y amorosas con Ian durante todo el proceso, y eso, obvio ayudó a fomentar la atmósfera adecuada para que Ian pudiera probar algo, equivocarse, asimilarlo y volver a probar.

Estoy muy agradecido con toda la familia por subirse al proceso y confiar, y estoy muy orgulloso de ti querido Ian, sigue rodando y sigue siendo libre.

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Poema / Plegaria

Foto de Josh Hild en Pexels

En Diciembre de 2021, participé en un retiro budista, impartido por Tony Karam, director de Casa Tibet; durante el retiro nos compartió esta plegaria hebrea que me pareció hermosa y desde esa fecha, la he traído muy presente.

Me parece una lista de maravillosos deseos y a la vez, una hermosa lista de recordatorios personales, para vivirlos todos los días.

Espero te guste y que ilumine tu corazón y tus días, como lo ha hecho conmigo.

“Que tus despertares te despierten. Y que al despertarte, el día que comienza te entusiasme.
Y que jamás se transformen en rutinarios los rayos del Sol que se filtran por tu ventana en cada nuevo amanecer.
Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar lo más positivo de cada persona que se cruce en tu camino.
Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente, aunque “sólo” se trate de pan y agua.
Y que encuentres algún momento durante el día, aunque sea corto y breve, para agradecer por el milagro de la salud, ese misterioso y fantástico equilibrio interno.
Y que logres expresar el amor que sientes por tus seres queridos.
Y que tus brazos, abracen. Y que tus besos, besen.
Y que los atardeceres te sorprendan, y que nunca dejen de maravillarte.
Y que llegues cansado y satisfecho al anochecer por la tarea satisfactoria realizada durante el día.
Y que tu sueño sea calmo, reparador y sin sobresaltos.
Y que no confundas tu trabajo con tu vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio.
Y que no te creas más que nadie, porque, solo las personas ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza.
Y que no te olvides, ni por un instante, que cada segundo de vida es un regalo, un obsequio, y que, si fuésemos realmente valientes, bailaríamos y cantaríamos de alegría al tomar conciencia de ello. Como un pequeñísimo homenaje al misterio de la vida que nos acoge, nos abraza y nos bendice.
– Antigua plegaria hebrea

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Hojita en blanco

Empieza un nuevo año otra vez, con 365 días nuevos esperando por ser vividos y aprovechados.

Son 365 oportunidades de vivir, de realmente vivir y de no sólo atravesar el calendario repitiendo la rutina y los condicionamientos del año anterior.

Son 365 oportunidades para hacer algo diferente y enriquecedor con el tiempo que tenemos en la Tierra.

¿Quieres cambiar algo en tu vida? Tienes 365 oportunidades para hacerlo.

¿O quieres aprender algo nuevo? Tienes 365 espacios de práctica listos para usarse.

Pero lo más importante, creo yo, es poder pensar en esos 365 días, tomar consciencia de ellos y soltarlos por completo, olvidarlos para enfocarnos al 100% en el día que estamos viviendo, sacarle todo el provecho que podamos y orientar lo que hagamos ese día a nuestro objetivo más grande, el que sea que te hayas puesto, o los que sea que te hayas puesto.

Feliz hojita en blanco, crea lo que quieras en ella, úsala para deshacerte de peso extra en tu cuerpo, úsala para aprender sobre NFT’S, o para dominar Tik Tok o para aprender a cocinar sushi, pero por favor, no dejes de usarla, porque si tú no usas tu hojita en blanco, el mundo lo hará por ti.

Gracias por leer.

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Ansiedad

Hace unas semanas mi sobrina Regina me pidió que hiciera un episodio de mi podcast sobre la ansiedad, le tomé la palabra y decidí hacer una entrada aquí en el blog también.

En mi experiencia la ansiedad surge cuando la persona pierde el significado y el rumbo en su vida, y surge también cuando una persona compara su vida contra un parámetro inalcanzable o cuando se compara con otra persona, también inalcanzable.

Creo que es un mal de nuestra ´época moderna, en la que somos bombardeados continuamente con ideas prefabricadas sobre el estilo de vida, el éxito y lo que debemos pensar, sentir y comprar.

Además del bombardeo, tenemos la epidemia del culto a la productividad, en la que las personas dedican cada vez menos tiempo a conocerse y explorarse a través del arte, o el deporte, sí, hay muchas personas que hacen ambas cosas, pero la gran mayoría las hace para llenar sus redes socio digitales, para publicar la foto perfecta y no para buscar dentro de su mente y corazón, lo que esa actividad está detonando, los insights que está teniendo y las emociones que están surgiendo.

Creo yo, y claro es sólo mi opinión, que se puede resolver gran parte de la ansiedad que una persona vive si hace una revisión de contra qué y contra quién se está comparando, y si reflexiona si esa comparación le está aportando bienestar y felicidad genuinos o si sólo la está poniendo en una carrera de hamster interminable.

Y a la par de esa revisión y reflexión, creo que sería súper útil, que la persona encuentre aquello que la hace sentir viva y que lo haga todos los días, aunque sea por una hora.

Para encontrar qué es lo que te hace sentir vivo, pregúntate ¿Que cosas me dan curiosidad? ¿De qué cosas o temas me encantaría saber más? ¿Hay algo que con sólo pensar en hacerlo me hace sonreír? Haz una lista con tus respuestas y encuentra qué tienen en común, encuentra cómo puedes unir esas cosas que te prenden y explóralas así.

Esta última sugerencia, es un asunto de vida o muerte, es un asunto de pasar la vida sintiéndote muerto o sintiéndote vivo, es un asunto de cuidar la propia salud mental.

Y recuerda que aquello que te apasiona, o aquello que quieres explorar, no necesariamente tiene que convertirse en un negocio o en un emprendimiento, puede quedarse sólo como algo que te da sentido de logro, alegría y salud mental y eso ya es una gran ganancia.

Gracias por leer.

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No es la especie más fuerte la que sobrevive..

…Ni la más inteligente, es la que mejor se adapta al cambio.

Yo creo que esta idea aplica a personas, negocios, instituciones y organizaciones también.

Tomemos la pandemia de COVID 19 como ejemplo:

Los negocios y organizaciones que supieron adaptarse a los cambios que trajo han podido seguir operando o pudieron seguir haciéndolo durante más tiempo que los negocios y organizaciones que fallaron en ello.

Lo mismo con las personas, quienes hemos podido “surfear” todo el asunto de la pandemia sin arrancarnos la cabeza y sin aferrarnos a nuestras previas maneras de hacer las cosas, la hemos pasado un poco (o un mucho) mejor que las personas que se han aferrado a no cambiar.

Creo yo, que para transitar el mundo de hoy sin ser aplastado por el estrés, por las redes sociales, por la economía, por el horario laboral, el tránsito en las calles y los quehaceres en la casa, no tengo que ser el más fuerte, el más guapo o el más brillante, en cambio, tengo que ser flexible y debo aprender a adaptarme a lo que sea que la vida me ponga enfrente.

Y sí, a veces adaptarme puede implicar tener fortaleza, pero no es algo que debo dar por sentado.

Adaptarme no quiere decir aceptar ciegamente, ni tampoco quiere decir ignorar algo con la esperanza de que desaparezca, adaptarme quiere decir:

Pensar y decidir mi postura sobre algo –> Hacer una estrategia –> Ponerla a prueba –> Evaluar los resultados –> Si es necesario hacer a ajustes a la postura y a la estrategia –> Aplicar de nuevo y repetir el ciclo.

Espero te sea útil la idea.

Gracias por leer.

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