Orgullo y libertad

Hoy se celebra el orgullo LGBTIQ+ y para mí es una gran oportunidad de recordar que todas y todos somos personas, que estamos hechas de las mismas partículas de luz que todo el universo, y ese universo es un lugar hermoso y muy diverso, todas las formas de vida son diferentes una de otra, aunque compartamos los mismos “legos” esenciales.

Es en esa diversidad es donde siento que radica gran parte de la belleza de ser humano.

Además creo que todas las personas somos libres para amar a quien queramos amar, libres para expresar ese amor públicamente, libres para tener la sexualidad que queramos tener, libres para elegir la forma de nuestro cuerpo, libres para elegir cómo vestimos ese cuerpo y libres para elegir las ideas que queremos tener y libres para vivir las emociones que queremos vivir.

Creo también, que NADIE tiene el derecho de coartar ninguna de las acciones que mencioné arriba, sí, podemos recibir guía y sugerencias, pero al final es nuestra pinche decisión lo que hacemos con toda esa libertad.

Así que usaré este día para recordar esas libertades, recordárselas a mi entorno cercano y renovar mi compromiso de promover esas libertades, y si es necesario, pelear por ellas, pelear con amor, con empatía, con compasión, con dibujos, con textos, con herramientas didácticas.

Para que un día, no sólo personas como yo, hombre heterosexual en país machista, disfrute de esas libertades, sino todas las personas del mundo, del color que sean, de la religión que sean y sin importar la forma de su cuerpo, ni lo que hacen con su sexualidad.

Y bueno, hoy se estrena un curso tuve el gusto de ilustrar y es justo sobre las personas LGBTIQ+, su historia, los sesgos inconscientes a los que se tienen que enfrentar y claro, el curso, propone varias soluciones que cada uno de nosotros puede implementar en su día a día. Espero veas el curso, y pongas a prueba lo que Pedro Bogo dice ahí. 🙂

Puedes ver el curso aquí.

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Pensamientos nudistas

¡Ah no! Era pensamientos budistas, sorry. 🙂

Lo que sigue ahora, no son explicaciones de budismo, sólo son reflexiones completamente personales, que quiero dejar registradas en este blog, para alguna revisión futura.

Es puro chisme personal budista, que creo que te puedes saltar perfectamente y tu vida seguirá igual de linda.

Dicho todo eso, aquí voy:

Después de varios años (más de 25) de practicar el Budismo como filosofía de vida y conocer diferentes Sanghas de diferentes tradiciones budistas, conocí a un par de monjes Zen, de la Sangha Dammapadha que han sido una bocanada de aire fresco.

He entrenado con monjes tibetanos de distintas tradiciones y con monjes del Soto Zen y de la escuela Rinzai, y algo que siempre me costó trabajo con ellos era su actitud demasiado solemne y rígida para mi gusto, claro que, no tienen porque ajustarse a mis deseos.

Pero creo que cuando uno escoge su camino espiritual y la pandilla que lo va acompañar, sí es importante tener cierta química, de lo contrario, la cosa no va a jalar y en algún momento la relación va romperse como una liga que se estira de más.

Y eso fue lo que me pasó en varias ocasiones.

Ya había yo hecho las paces con la idea de ser un nudista de cueva (¡budista de cueva pues!) y no tener una Sangha, ya que, como dije, hacía corto circuito con algunos monjes o monjas y en otros casos los horarios no me acomodaban…y entonces, conocí a Nipur y a Sifu Koio Samadhi, un par de monjes zen argentinos, con mucho humor, una actitud muy fresca hacia el dharma y con una manera de enseñar muy cercana y amable.

Me siento muy contento de haberlos encontrado, y admiro mucho su labor, ya que esto de promover las enseñanzas del Buda histórico, no es tarea fácil, requiere mucho tiempo, paciencia, esfuerzo y dinero.

Fue una grata y gran sorpresa, escuchar a Sifu Koio hablar de ideas que he traído en la mente por años y que sólo había podido platicar con mi pareja (gracias por escucharme Barabara), por falta de contexto con otras personas 🙂 esas ideas son:

  1. Jesús de Nazaret y San Francisco de Asís, están en mi lista de Budas, junto con Mr. Rogers y Sifu Koio Samadhi
  2. El diálogo interreligioso, entre el Budismo y otras religiones creo es algo muy positivo de promover, y ayuda a ver qué cosas nos pueden unir, en vez de tener muy claros los pretextos que nos pueden separar como practicantes espirituales
  3. La autoordenación de un monje es tan válida como la ordenación que te da otro monje

Como dije, ha sido un placer este encuentro, planeo saborearlo y aprovecharlo mientras sucede.

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Preguntas Frecuentes: ¿Por qué no das cursos de nuevo?

Durante la parte fuerte de la pandemia en 2020, algunas personas me preguntaron si pensaba dar clases de entrenamiento físico y mental otra vez o si pensaba dar algún taller de meditación o algo parecido y la respuesta era no.

Otras pocas personas me han preguntado ¿por qué ya no lo hago?

Esa pregunta no tiene una respuesta fácil, son varios factores los que están incluidos pero haré lo posible de argumentar una respuesta breve y clara 🙂 aquí voy:

Planear un curso requiere un montón de trabajo, además del temario, tengo que practicar como lo enseño, elegir y probar los recursos que voy a usar (imágenes, audios, experiencias), seleccionar y ensayar las palabras que voy a usar, el tono o los tonos de voz que voy a usar, mi lenguaje corporal, y la energía que le voy a impregnar al asunto.

En resumen, es un trabajo integral que toma bastante tiempo y entrenamiento.

Que además, requiere hacer la labor de venta del curso, que también hacía yo, económicamente no estaba en la posición de pagarle a alguien para que lo hiciera por mí.

Y como yo paso la mayor parte de mi tiempo, frente a una computadora dibujando, hacer todo lo que dije unas líneas arriba, representa un esfuerzo considerable, que estoy feliz de hacer siempre y cuando, haya una respuesta de la comunidad a la que me dirijo, o de las personas a mi alrededor.

Y lo que sucedió cuando daba cursos regularmente, es que la mayoría de las personas no apreciaban todo ese trabajo, tomaban los cursos como terapia ocupacional y no como algo que podía cambiar sus vidas para bien y lo veían como algo que “siempre va a estar ahí “.

Yo lanzaba un curso, y entonces muchas personas me escribían para decirme: Uy si quiero tomarlo, pero ese día se casa mi prima Pancracia y no podré ir la curso, pero seguro para el que sigue sí.

Y para el curso que sigue, sucedía lo mismo.

Y así fue hasta que me cansé de estar preparando cosas para personas que no tenían interés en esas cosas.

No es que las personas sean malas, jajajajs, creo más bien que lo que tengo que decir y enseñar ya no le interesa a mi comunidad inmediata, y que no he logrado alcanzar a mi nueva comunidad por falta de visión, recursos y tiempo.

Y también creo que esto de ser coach o maestro o guía espiritual es un asunto de dos o más. Me explico, creo que si yo encuentro un maestro que enseña algo que me está ayudando a mejorar mi vida, yo como alumno o coachee, tengo la responsabilidad de:

UNO. Aplicar con disciplina y dedicación aquello que me están enseñando.

DOS. Ayudar a que mi coach o maestro pueda seguir produciendo material para enseñar y pueda seguir creando cursos, la mayoría de las veces, eso traduce en comprarle sus libros, pagar uno de sus cursos o hacer una donación, todo eso de manera más o menos regular. Para que la coach o el coach pueda seguir haciendo su chamba de manera regular también.

Cosa que tristemente no pasó con mi comunidad. Así, simple y directo.

Sus razones tuvieron, claro, y muy respetables.

Pero llegó un punto en el que dar cursos y talleres por mi cuenta, de manera presencial y online, se convirtió en algo económica y emocionalmente insostenible.

Tal vez en un futuro cercano vuelva a hacer cursos por mi cuenta, pero depende de que cambie un par de creencias profundas que tengo y que, por lo menos, hoy, no sé si quiero cambiarlas.

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De nuevo

Quiero maravillarme de nuevo con cada mañana al despertar, con cada atardecer visto a través de la ventana o afuera en la calle.

Quiero maravillarme de nuevo cada vez que veo un árbol hablar en silencio, cada vez que veo la lluvia caer y cada vez que el granizo cubre de blanco las calles de mi ciudad.

Quiero transformar mi vida en poesía otra vez, quiero limpiar mis ojos, y acomodar mis pensamientos de manera diferente, con más asombro, con más amor, con más paz y con más calma para detenerme a apreciar aquello que es invaluable y que alimenta el corazón.

Quiero ser otra vez uno con todo lo que existe, quiero sentir cada estrella en el cielo titilando en mi piel, quiero volar con cada respiración y quiero disolverme en el mar para hacerme de nuevo con su marea como parte de mí.

Quiero volver a mirar adentro, antes de mirar afuera.

Quiero ser otra vez yo.

¿Y cuándo, querido Juan? Me pregunto a mí mismo.

A partir de este momento. 🙂

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Entrenando a mi cerebro

Medito para acostumbrar a mi cerebro a estar en el momento presente. Para que cuando se lo pida, lo haga sin muchos pretextos.

Y poco a poco, se ha convertido en un hábito en mí, cada día “futureo” menos, y viajo al pasado con menor frecuencia.

Eso no quiere decir que no planeo cosas para el futuro, tampoco quiere decir que no regreso a revisar el pasado para aprender y soltar.

Más bien quiere decir, que ya tengo la habilidad de tomar el futuro, usarlo y soltarlo, lo mismo con el pasado.

No me sale 100% perfecto todo el tiempo, pero sí es hoy una habilidad bien instalada en el disco duro de mi cerebro.

¿Y cómo cuándo puede ser necesario estar en el momento presente?

Yo diría que siempre.

Pero principalmente cuando manejo mi moto o mi bici, cuando entreno boxeo (no quiero perder un diente, ni tirarle un diente a la persona que entrena conmigo), cuando estoy con alguien que quiero, o en una junta de trabajo.

¿Lo ves? Creo que en todo momento es la mejor respuesta.

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Como un videojuego

Para mí, la vida es como un videojuego: vas desbloqueando diferentes niveles conforme avanzas en el juego y tu personaje va evolucionando y desbloqueando diferentes habilidades.

También creo que la vida no es tan real como la percibimos, tal como pasa dentro de un videojuego, que es una ilusión diseñada para percibirse como real.

De hecho, las culturas antiguas de India le llaman “Maya” a este plano de realidad, “Maya” significa ilusión.

El mismo Einstein decía que la realidad es una ilusión muy persistente, pero finalmente una ilusión.

¿Y cuál es el objetivo del videojuego o de la simulación?

De manera global, yo creo que es tener la experiencia de vivir dentro de una forma humana a la par de que vas recordando y redescubriendo tu naturaleza espiritual.

De manera individual, yo creo que cada persona decide en específico para qué quiere venir a jugar a la tierra, en esta realidad sólida-ilusoria.

Parte del juego, es olvidar ese plan inicial y la propia naturaleza intangible.

Exacto como cuando juegas Fortnite, Mario Bros, o Call of Duty.

Realmente no mueres, realmente no posees nada de lo que hay dentro de los juegos, tampoco pierdes nada realmente, porque no estás realmente “vivo” o “habitando” el juego, pero uno decide olvidar por un rato esas cosas y uno se “mete” al juego y lo experimenta con toda su gama de sucesos, emociones, dificultades y recompensas.

Yo creo que así es cómo vivo mi vida, como un ser intangible o espiritual que decidió venir a jugar el juego humano en la Tierra.

Y cuando veo las cosas así, veo todo con cierta distancia sana, no me tomo las cosas tan personalmente, y tampoco dejo que el día a día me devore con su rutina y con su estrés, porque al final, es solamente un juego para mí.

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Autoestima Baja

Uno de los puntos ciegos que la autoestima baja tiene en mi caso, es que me puedo alejar de las personas que quiero y que me quieren, pensando que mi ausencia les va a ser indiferente, que no les va causar ningún efecto, y no me pongo a pensar que tal vez, alejarme podría causarles tristeza porque me aprecian y me quieren.

Sí, ya se, parece obvio, pero para mí y mi autoestima baja no lo es.

Me ha pasado esto a lo largo de los años con amigos, colegas y familia, pero cada vez soy más consciente de ello, y lo manejo con más gracia.

Obvio, no estoy diciendo que alejarse de las personas es un signo de autoestima baja, NO. Claro que es válido y hasta saludable alejarnos de personas cuando sentimos que es necesario hacerlo.

Sólo en mi caso, quiero estar seguro de que cuando lo haga, lo haga desde un lugar de paz y empatía.

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Perder el rumbo

Para mí es muy fácil perder el rumbo y pensar que:

  1. Soy mi trabajo
  2. La cantidad de dinero que gano me define como persona
  3. Lo que las otras personas piensan y dicen de mí rige mi vida
  4. La vida se trata de trabajar y/o hacer dinero
  5. No tengo tiempo para hacer las cosas que me gustan

Debo poner mucha atención a cómo me manejo en mi día a día para no caer en uno de esos 5 pozos sin fondo (o en todos).

Además de poner atención, tengo una serie de hábitos que cuando los sigo con rigurosa disciplina me mantienen en armonía, feliz y lejos de esos agujeros negros.

Los hábitos en sí no son tan importantes, puedes encontrar sugerencias en los cientos (tal vez miles) de artículos con listas de hábitos que cambian vidas y en la cuenta de instagram del o de la coach que más te guste.

La clave aquí es: rigurosa disciplina.

Tanto para ti, como para mí, lo más importante es ser disciplinados con esos hábitos, ya que de nada sirve tener acceso a la mejor rutina de ejercicio, la mejor dieta o la técnica de meditación más efectiva, si no vamos a poner las horas de vuelo que el asunto requiere.

De todas maneras, aquí van algunas de las ideas y hábitos que uso o trato de usar diariamente:

  1. Recordar que no soy mi trabajo, tampoco soy mi sueldo, así como tampoco me define lo que las demás personas digan o piensen de mí
  2. También recordar que soy un ser espiritual teniendo una experiencia humana, y que esta experiencia humana es como un videojuego, es una ilusión diseñada para sentirse real
  3. Yo decido en qué uso mi tiempo y por qué
  4. Meditar 30 minutos al día
  5. Mover mi cuerpo todos los días
  6. Regalarme un rato para dibujar sólo por dibujar
  7. Leer algo que me haga crecer o que estimule mi imaginación
  8. Sonreírle a todos, empezando por la persona que veo en el espejo
  9. Agradecer tres cosas todos los días
  10. Disfrutar cada momento, porque ni se va a repetir, ni estoy 100% seguro de que voy a seguir vivo mañana

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Hacer oración y meditar

Para mí, hacer oración o rezar es hablar con el Gran Espíritu.* Y meditar es escuchar lo dice.

Con el tiempo las dos se combinaron dentro de mí, y el resultado fue un sabroso diálogo meditativo con el Universo.

Sobra decir que he encontrado un montón de respuestas dentro de ese proceso y que he crecido mucho como persona como resultado de cultivarlo.

¿Has vivido un proceso parecido? ¿Cómo ha sido para ti?

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*Es la Fuente, el Tao, el Universo, el Wakantanka, algunas personas lo llaman Dios, pero nada que ver con el dios católico o judeocristiano.

El perdón es para uno mismo, para liberarse del dolor que uno carga

Sí, por contraintuitivo que parezca, cuando uno perdona, es uno el que se libera de toda la energía emocional que lleva uno cargando.

Yo creo que realmente no le damos nada a la otra persona, aunque en los países con formación judeocristiana nos hagan pensar lo contrario.

Piensa en la última vez que perdonaste a alguien, la primer persona en experimentar todos los beneficios de ese cambio de actitud y perspectiva, fuiste tú.

Ya después puedes decirle a la persona que la perdonas, o puedes no, pero el efecto en ti, ya sucedió.

Piénsalo, y si quieres poner a prueba esta idea, perdona a alguien que has estado cargando en el corazón, tal vez te sientas muy bien al hacerlo.

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Recuperar la concentración

Para mí es muy fácil perder la concentración y dejarme llevar por las múltiples distracciones y pendientes del día: el teléfono móvil y sus notificaciones, cosas de la casa, asuntos familiares y los pendientes del trabajo, por mencionar algunos.

Para salir de ese espiral de distracciones, o si lo prefieres para salir de ese agujero sin fondo, tengo un pequeño ritual o práctica personal, que espero te sea útil.

Aquí va:

UNO. Cuando me doy cuenta de que ya caí en el agujero de las distracciones -ya estoy haciendo “doom scrolling” o leyendo notificación tras notificación- hago una pausa de 5 minutos

DOS. En esos 5 minutos hago unas cuantas sentadillas o squats, 5 o 6 lagartijas o push ups

TRES. Hago algunos estiramientos sencillos para resetear mi espalda y piernas

CUATRO. Hago 1 minuto de respiraciones abdominales para terminar de “vaciar” mi mente de lo que me estaba distrayendo

CINCO. Me pregunto ¿En qué cosa me quiero o debo enfocar durante los siguientes 45 minutos? Y me enfoco en ello

SEIS. Al terminar los 45 minutos repito el paso 1, con la idea de recuperar mi concentración y con la idea de poco a poco crear el hábito de trabajar en bloques de 45 minutos, totalmente enfocado, con 5 o 10 minutos para estirarme, recargar energía y recuperar mi concentración.

Es un ritual muy sencillo, pero poderoso, ya que incluye respiración consciente, movimiento físico y el uso de la atención unipuntual.

A veces mi cuerpo me avisa que es hora de hacer mi pequeño ritual, cuando comienzo a sentir mi espalda rígida, o mis piernas tensas, o empiezo a bostezar mucho.

¿Cómo sería tu versión de este ritual? Haz la prueba y cuéntame en los comentarios cómo te fue.

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Un corazón lleno de agradecimiento es un corazón feliz.

Cuando tengo el corazón lleno de agradecimiento, el disco duro de todo mi ser se satura con felicidad y gratitud y queda muy, muy poco espacio para cosas como enojo o frustración.

Sí, todavía puedo sentir ese tipo de emociones y sensaciones, pero como queda poco espacio en el disco duro, son sensaciones que no me invaden, ni me obligan a reaccionar -aunque puedo elegir responder, conscientemente- y que no duran mucho tiempo.

Son como pequeñas ondas en el agua de mi mente que desaparecen dentro de las olas de mi océano interior de gratitud y felicidad.

Habrá quien pueda pensar que es un estado fingido o forzado, y tal vez en su caso, en su mente así se sentiría entrar a un estado de felicidad por cuenta propia, sin muchos detonantes externos.

Pero para mí, no es un estado forzado, es un hábito mental y es un estado bien sabroso.

Gracias por leer.

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