La mente, Reflexiones

Busca, sin buscar

Busca, sin buscar el silencio de la mente, es una idea Taoísta (que el budismo zen heredó después) que me ha fascinado por años y se refiere a que cuánto más te esfuerzas por silenciar a la mente más resistencia encuentras, también se refiere a que cuando sales a buscar la calma mental a través de medios externos como el alcohol, las drogas, las compras, los eventos deportivos o cualquier distracción, la mente se vuelve más ruidosa, caótica y rezongona.

Dentro de la frase está la solución, oculta entre las palabras, esperando a que sea la imaginación del lector la que llegue a sus propias conclusiones.

La parte crucial para encontrar la solución son estas palabras: “sin buscar…”

Me explico, cuando buscamos algo, regularmente usamos nuestro pensamiento y nos preguntamos ¿dónde podrá estar aquello que buscamos?¿Quién o qué puede aportar información del paradero de la cosa? ¿Cómo se ve lo que busco o cómo puedo reconocerlo?

Justo ese camino es el camino incorrecto, no podemos silenciar la mente llenándola con más actividad y preguntas, el camino es sentir, para buscar sin buscar el silencio de la mente, el camino es sentir el silencio, sentir la calma de una mente en silencio, es aprender a dejar de reaccionar a los propios pensamientos y sólo contemplarlos.

Una vez que sientes ese silencio, la mente (corazón y cerebro) se llenan de una gran paz y una gran calma, no es que el estrés desaparezca de la vida, sino que uno ya no le agrega estrés a las cosas, se queda con el estrés normal que los eventos de la vida generan y lo maneja con una mente ecuánime, una mente en calma.

No, no es imposible, sólo requiere práctica.

Gracias por leer.

-Juan.

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Reflexiones

Mismo mar, diferente barco

A lo largo de estos meses de pandemia de COVID-19 he leído mucho la expresión “No estamos en el mismo barco, estamos en la misma tormenta, algunos están en un yate, otros en un barco, otros en una balsa y otros están nadando”.

Me parece que explica muy bien las diferentes circunstancias dentro de las que cada quien está viviendo este momento de la historia humana, pero creo que representa con mayor precisión, las condiciones mentales y emocionales con las que cada uno ha vivido su vida hasta el día hoy.

Creo que los pensamientos y emociones de cada uno crean el barco, yate, lancha, balsa, barquito de papel o traje de baño, con el que cada uno va a navegar el océano de la vida.

Hay mentes estrechas, pequeñas y frágiles, como una balsa, hay mentes más grandes, abiertas y menos frágiles como los veleros y hay mentes enormes, hermosas y diversas donde cabemos todos, mentes que son como un gran crucero.

Mi mente, es un barco, de mediano tamaño, donde cabe mucha diversidad y se pueden tener largos momentos de paz, incluso en medio de la tormenta.

Pero eso no quiere decir, que todo ha sido fácil.

Igual que tú, me he tenido que adaptar a cuidar más y mejor de mí y de las personas cercanas a mí y a seguir adelante con mi vida con las adaptaciones que eso requiera.

Me ha llamado mucho la atención como, durante estos meses, me he descubierto “regresando a mis raíces” por ponerlo de alguna manera.

He encontrado refugio seguro en mis ejercicios de Qi Gong, en mi práctica de Tai Chi, en mi práctica budista-taoísta, en mi bici y en mis dibujos.

Poco a poco he ido dejando ir otras herramientas, estrategias y puntos de vista que si bien en su momento me sirvieron y me ayudaron, hoy no parecen ser tan relevantes o tan útiles, como las que mencioné en el párrafo anterior.

Compruebo con gusto como las cosas más simples en mi vida, son las que más me llenan y no necesito ni una gran cantidad de dinero, ni una suscripción, ni artículos de gama alta para poder hacer esas cosas.

Para entrenar Qi Gong y Tai Chi, sólo necesito hacerlo, los ejercicios los conozco y los principios fundamentales también, incluso los he enseñado a otras personas.

Para practicar budismo en mi vida diaria tampoco necesito nada más que hacerlo, no necesito un retiro en Tepoztlán para hacerlo, no necesito un mala de piedras preciosas, ni un gurú, ni un nombre budista.

Tengo un viejo libro de Budismo Theravada y mi sólida práctica de Zazen diario para apoyarme en ellas.

Para dibujar, un cuaderno o unas hojas de papel y un lápiz o un plumón de 16 pesos son suficientes, no necesito una pluma fuente cara, ni un pincel de pelo de pulga para poder hacerlo.

Para andar en mi bici, sólo necesito hacerlo, afortunadamente, para cuando llegó la pandemia, ya tenía mi bici, que no es una bici de gama alta, es una fixie, pintada con spray negro y llena de stickers.

Recuerda que el barco de cada uno es distinto, y esta pandemia nos tomó a la mayoría, “con las agujetas desamarradas y los dedos en la puerta”, es decir totalmente desprevenidos.

No juzgues a los demás por sus acciones o por la falta de ellas, mejor enfócate en hacer que tu barco (pensamientos y emociones) sea un mejor barco para habitar, porque 100% seguro ahí vas a vivir el resto de tu vida, con pandemia y sin ella.

Y de corazón deseo que encuentres refugio en las cosas simples de tu vida, dentro de tu propia mente y en tu propia piel, para que este momento difícil, sea menos espinoso para ti y los que tienes cerca.

Gracias por leer.

-Juan

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Reflexiones, Soliloquios

Realmente Vivir.

Si aprendes a encontrar felicidad en la lluvia, en la tormenta, en el amanecer, en el atardecer, en ver una estrella en el cielo, en ver una flor o en oler su aroma, en escuchar una linda canción, en sentarte en silencio, en leer un buen libro, en tener comida en el tu alacena, en despertar un día más, en respirar, en andar en bici, en salir a caminar y en otras tantas cosas, sencillas, simples y que tal vez consideres parte del paisaje, entonces, habrás comenzado a dominar el arte de ser feliz por decisión y habrás comenzado realmente a vivir.

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